No Te Mereces Nada

Reid Hoffman nos proporciona una muy interesante segunda derivada a nuestro artículo anterior sobre diversificación, inversión y emprendimiento. Para quienes no lo conozcan, Reid es co-fundador de la red profesional LinkedIn y co-autor del libro “The Startup of You“. Para los que no conozcáis LinkedIn, os recomiendo que no perdáis el tiempo con este artículo, volved a la caverna en la que habéis estado viviendo y continuad con vuestras plácidas reflexiones. La felicidad es un bien demasiado preciado como para que la realidad se inmiscuya. Al resto os invito a que sigáis leyendo.

Lo que Reid nos comenta es que tanto si eres un abogado o un doctor o un ingeniero, hoy en día tienes que pensar como un emprendedor, pues como mínimo tienes que gestionar una start-up muy especial: tu propia carrera profesional. Nos guste o no, este es un cambio que ya ha sucedido, una realidad en la que ya vivimos, propiciada por eventos que han transformado radicalmente el mercado laboral, no sólo en USA sino a nivel mundial y que en pocos sitios se han vivido de manera tan radical como en España, un país inmerso por muchas décadas en un complaciente proteccionismo heredado del franquismo (no olvidemos que el nacional-socialismo, al igual que el comunismo, desconfía del capitalismo y ensalza los valores proletarios) y continuado de forma populista por sucesivos gobiernos tanto a derecha como a izquierda del hemiciclo. En ese “estado del bienestar” protegido el mercado laboral funcionaba como un ascensor: uno entraba después de graduarse en la planta baja, y mientras no lo hiciera demasiado mal continuaba subiendo en el ascensor con promociones cada ciertos años, empleado de por vida en la misma compañía, hasta llegar al último piso y un comfortable retiro asegurado. Pero ahora el ascensor está atascado a todos los niveles. Los veteranos no pueden retirarse a la edad esperada. Los cuadros medios no pueden progresar simplemente haciendo lo que hacían ayer. Y jóvenes con la mayor preparación de la historia de nuestro país no pueden encontrar ninguna puerta de ascensor abierta. El efecto combinado de la tecnología y la globalización hacen que se necesite menos gente para producir más cosas, y que dichas personas puedan estar localizadas en mercados diferentes. Y como que en España hemos esperado a que la crisis más grande de los últimos ochenta años nos obligue a cuestionar modelos insostenibles de pacto social, nos hemos visto abocados al abismo y hemos sufrido como el infortunado que tiene su primer sarampión a los treinta y cinco años. Lo importante aquí para nosotros es como cambia ese modelo: antes solía haber un pacto entre el empleado y el empleador que garantizaba empleo de por vida a cambio de lealtad, también vitalicia. Este pacto ha sido reemplazado por contratos basados en productividad, de corto plazo y que ambas partes pueden cancelar de forma rápida y barata. Esto ha provocado que la lealtad profesional ahora fluya “horizontalmente” desde y hacia una red profesional en lugar de “verticalmente” hacia un jefe. Dejadme hacer aquí un inciso para quien piense que esto es “un problema de los trabajadores” que están “siendo abusado por los empresarios”. Quien así razone me temo que ha asistido a demasiadas reuniones de Podemos e infelizmente se ha perdido la mitad de la película, porque la realidad es que el entorno es todavía más duro para los empresarios. Hoy en día las compañías están cayendo más rápido y más frecuentemente que nunca. En los años 20 y 30 las empresas permanecían en el S&P 500 por una media de 65 años. En los 90 esta media se había reducido a 10 años. Ahora debe rondar los 5 años de permanencia. Es interesante remarcar también que una compresión similar ha sucedido en el tiempo que un inversor mantiene un título en cartera: en los años 40 la media de permanencia era de 4 años, en los 90 era de 8 meses. En el 2008 era 2 meses. Y en el 2011 era de… 22 segundos, con importantes consecuencias que exploraremos en más detalle en artículos futuros relacionados con el trading algorítmico y de alta frecuencia, dos fenómenos que han cambiado los mercados financieros para siempre. La realidad irreversible es que nos encontramos en un entorno en el que sólo hay una constante: el cambio. En gran medida las condiciones en las que ahora vivimos son las mismas en las que los emprendedores están acostumbrados a manejar en sus empresas. La incertidumbre reina. La información es asimétrica y costosa. Los recursos son limitados. La competición es alta. Y eso significa que tienes que adaptarte. Si no lo haces, nadie – ni tu jefe, ni el gobierno – te van a ayudar cuando caigas. Ya no se puede seguir “ocultando la cabeza en la arena” de un empleo asegurado de por vida, y dejar que otros agentes económicos acarreen la tarea de gestionar los riesgos del entorno. Ahora la gestión del riesgo es una responsabilidad individual. Y de forma más general, la sociedad prospera cuando la gente piensa de forma emprendedora. Ejemplos de prácticas a evitar en el nuevo mundo son, por ejemplo, mantener una identidad arraigada a una empresa en lugar de cultivar una marca personal, o la hiper-especialización, promovida por una cultura y esquema de incentivos propios de la era industrial, en la que aprendes más y más de un dominio cada vez más reducido de tareas. En un entorno que cambia tan rápidamente dicha estrategia te hace mucho más susceptible a la obsolescencia profesional. Y tal vez la peor es pensar que una vez acabada la universidad no hay ninguna necesidad por aprender. Para mucha gente, “veinte años de experiencia” significaba un año de experiencia repetido veinte veces. Ese mundo, por suerte, se acabó. Por contra, las estrategias empleadas por individuos y empresas exitosas en el nuevo mundo son sorprendentemente similares. Principios como: analiza qué te hace diferente, y mejor, convierte eso en tu ventaja competitiva. Aprende cada día algo nuevo. Compara tus aspiraciones con tus recursos para planear tácticas viables. Vete allí donde hay crecimiento rápido, porque el crecimiento rápido es a madre de todas las oportunidades. Pivota tan rápido como puedas en cuanto veas que se abre una oportunidad sustancial. Toma riesgos de forma inteligente, con probabilidad de pérdidas pequeñas y grandes ganancias. Utiliza la escalabilidad tecnológica y los efectos de red para crear barreras competitivas. Y por encima de todo, construye una red de aliados que te pueden ayudar con información, ideas, recursos, oportunidades… tu red profesional es tu estrategia de diversificación en un mundo incierto y arriesgado. Otra lectura notable al respecto que recomiendo encarecidamente es el libro de Dan Pink “Free Agent Nation“.

En USA, Detroit ejemplifica el desastroso fallo por adaptarse a las nuevas condiciones. Sin embargo, por gran parte del siglo XX Detroit era el modelo de progreso. Ford, General Motors (GM) y Chrysler se contaban las empresas más innovadoras del mundo, llevando al presidente Harry Truman a postular la ciudad como sinónimo de grandeza industrial. Alfred P Sloan, el legendario chairman de GM (y patrón de la escuela de negocios de MIT) implementó nuevas técnicas de gestión operativa para conseguir “un coche para cada bolsillo”. En 1955 GM fue la primera corporación del mundo en ganar un billón de dólares, tan grande que el departamento de Justicia pensó en dividirla como le pasaría a Microsoft en los 90. Pero, gradualmente, esa innovador sector automovilístico se fue convirtiendo en una burocracia anquilosada, aversa al riesgo y anti-meritocrática. El resultado: GM perdió 82 billones de dólares en los tres años y medio que llevaron a su rescate y clausura final por parte del gobierno federal. Ahora Detroit es una ciudad fantasma, con la mayor parte de su zona urbana despoblada à la Chernobyl y la criminalidad más alta de USA. Hoy en día Silicon Valley se ha convertido en el modelo de progreso del siglo XXI, catapultada al éxito por su ecosistema de emprendimiento y capital riesgo que ha llegado a gestar firmas como Google, Apple, Facebook, Twitter, LinkedIn… Pero, de hecho, el emprendimiento no está sólo en Silicon Valley. Está en las mentes y las manos de muchos hombres y mujeres alrededor del mundo que, frecuentemente, no están comenzando empresas (ni deberían hacerlo), pero afrontan los retos de su carrera profesional con el talante y la visión correctas. No eres una víctima de nadie. Nadie te debe ninguna cosa. No te mereces nada. Ahora, sal ahí fuera y crea algo fantástico.

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6 comentarios en “No Te Mereces Nada

  1. Vaya por delante que nunca he asistido a ningún mitin de Podemos, ni de ningún otro partido, pero creo que tu excelente artículo se centra sobre todo en empleos con cierta cualificación. Tienes toda la razón cuando dices que en España estamos muy acostumbrados a que nos solucione la vida Papá Estado, pero también es cierto que no todo el mundo tiene las aptitudes (aunque tenga la actitud) para saber promocionar su “marca personal”, o buscarse la vida, como se solía decir. Nadie tiene la culpa de lo que tú hagas o dejes de hacer y nadie te pone zancadillas para que no estudies, no busques un trabajo mejor, etc…en definitiva eres tú el dueño de tu destino. Bien, pero convengamos que si has nacido en una familia desestructurada, en un barrio marginal, nadie se preocupa si vas al colegio o de lo que haces en la calle, tus amigos no son buena influencia y no conoces otra cosa, pues igual le cuesta un poco más levantar la cabeza e intentar mirar el horizonte para ver a dónde le dirigen los pasos que hoy está dando; no todo el mundo tiene las herramientas necesarias para ver las cosas con tanta claridad. Es un caso extremo, lo sé. Por otra parte en España el nivel, a mi juicio, tanto de los empresarios como el de los trabajadores en materia de emprendeduría es muy bajo. He conocido a más empresarios ignorantes, incultos y explotadores de los que puedas imaginar. Quieren el modelo norteamericano de movilidad laboral y despido barato pero no están dispuestos a pagar, desde un principio, por las funciones que vas a desempeñar, si no que o bien te venden la moto del “ya se verá” o pagan una parte en negro. Pagar poco y despedir fácil. Por la parte de los trabajadores, en un porcentaje alto, prefieren cobrar poco, hacer siempre lo mismo y que no les molesten demasiado. No quieren cambios, aunque sea para mejorar su productividad, no quieren gente nueva porque les ven como una amenaza. Su objetivo es sumar años por si les despiden o prejubilan tener una buena indemnización. No se cambian de trabajo pese a mejorar sus condiciones por perder la antigüedad… en fin… yo estoy desencantado de los unos y de los otros. Hablo de grandes y pequeñas compañías, de trabajadores poco o nada cualificados y muy cualificados. Uno ya tiene una edad. Lo que necesitamos es un cambio de mentalidad de ambos lados, y un Estados que realmente proteja a los más desfavorecidos pero no subvencione la picaresca, la vagancia y la mediocridad. Y eso no es de liberales o de progresistas. Es sentido común.
    Perdona por escribir un comentario casi tan largo como tu artículo.
    Saludos,
    Milion

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    1. Muchas gracias por tu comentario, aportas matices muy interesantes a la conversación que el artículo original, ya por razones de espacio, no se atrevió a tratar.

      Vaya por delante que estoy completamente de acuerdo contigo. Esto no es de liberares o progresistas, es sentido común que, como decía mi querido abuelo, “es el menos común de los sentidos”.

      Coincido en que hay muchos empresarios ignorantes, explotadores, sin ética ni talento, cuyos negocios sólo se mantienen a través de monopolios artificiales, trucos legales, y amigos con manos bien untadas en las esferas oportunas. Esos son precisamente los más reacios al cambio y los que tienen más que perder en un mercado abierto y competitivo. Diferenciemos, si me permites, entre el empresario (bueno o malo), que es el que maneja una empresa, y el emprendedor, que es el que enfrenta el riesgo de crear un proyecto innovador. El “Detroit” del que yo hablaba, o la “casta” en el discurso político español actual, corresponden al empresario malo, cutre, caciquil. Donde ya no puedo con Podemos es cuando mete a todos en el mismo saco en defensa de la víctima de siempre, el pobre obrero abusado. Ya hemos visto ese mensaje antes en la historia y creo que todos recordamos a dónde nos lleva.

      Por otro lado también convengo contigo en que si has nacido en una familia desfavorecida, en un barrio marginal, con un entorno abusivo… va a resultar prácticamente imposible que puedas llevar a cabo cualquier potencial que puedas tener. Yo uso frecuentemente a USA como punto de comparación porque, bueno, tiene algunos puntos admirables y es lo que conozco por experiencia directa, pero soy el primero en reconocer que no es para nada un país perfecto, y creo que has nombrado un tema clave: la educación en USA es todo menos igualitaria. Estudiar en un “college” normalillo puede costarle al alumno la friolera de $30,000 por año de media. Ya ni te hablo de los costes de instituciones como Harvard, solamente asequibles por una élite. Los jóvenes terminan la carrera hasta el cuello de “student debt”, que les persigue de manera pertinaz durante sus carreras. Tal vez el ejemplo a seguir aquí sea Alemania, pero desconozco su realidad lo suficiente como para poder comentar.

      La función del Estado debería ser la que comentas: no proteger feudos obsoletos de las fuerzas renovadoras del mercado, sino asegurarse de que todos tengamos acceso a formación y oportunidades para enfrentar los retos profesionales y así llevarnos a una auténtica meritocracia en la que lo que cuente no sea ni tu cuna, ni tu alcurnia, ni el monedero de tus papás. Porque tal vez el siguiente Einstein, Buffett o Jobs nace en un ghetto del Bronx, y si no tiene la opción de realizar su potencial no sólo pierde él. Pierde toda la sociedad en su conjunto.

      Creo, con gente como Paul Graham de Y Combinator y Nick Hanauer, que esta forma de pensar va un poco más allá del capitalismo tal y como se entiende tradicionalmente, es una evolución del mismo… ¿podríamos hablar de “talentismo”? ¿”meritismo”? Exploraremos esas ideas en artículos futuros con el beneplácito de vosotros los lectores.

      ¡De nuevo, muchas gracias por tus palabras!

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    2. ¡Ah! Y me enorgullece mencionar que MIT tiene una política de “admisión ciega”; es decir, revisan tu solicitud sin saber tu identidad, sólo tus resultados académicos y profesionales. Una vez aceptado, si tu familia no puede costearlo, MIT paga por tus estudios. Las acciones hablan más fuerte que las buenas palabras, y aquí gritan “meritocracia” en una universidad que además NUNCA ha concedido un diploma honoris causa, todos ellos se sudan por igual.

      Muy diferente de la vetusta Harvard, que está “al otro lado del río” en más de un sentido 😀

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  2. Tabano

    Enhorabuena por el artículo y deseando que escribas el siguiente.
    He conocido hoy tu blog, lo he devorado de inmediato, y espero digerirlo poco a poco.
    Son tiempos inciertos – algunos dirán que fascinantes – pero a mi me “acongojan”
    ¡¡Qué buena la analogía del ascensor!! Has plasmado de forma muy gráfica mis temores.
    Tengo cincuentaytantos y … ¡¡me han cambiado las reglas de juego a mitad del partido!!.
    Cuando empecé a trabajar, se premiaba la experiencia, aunque a veces era tan sólo repetir año tras año lo aprendido hace mucho, y por el camino, la tecnología ha hecho que el conocimiento esté deslocalizado y más disponible, además de quedarse obsoleto a gran velocidad.
    Y para adaptarme al cambio de entorno, estoy tratando de reinventarme o más bien de crecer, invirtiendo en autoempleabilidad, en ser capaz de generar ingresos sin depender de un empleador, pero sí de clientes.
    Me apunto las recomendaciones de lectura
    Gracias por compartir

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    1. Muchas gracias, Octa! La verdad es que estos meses he estado demasiado ocupado con http://www.agoraeafi.com y http://www.patrimony.com… lanzar nuevos proyectos siempre consume mucho más tiempo del que tienes previsto… aunque ya hayas previsto a tal efecto 😀 Parece una diabólica “Ley de Murphy”. Pero saber que no es un soliloquio sino que hay personas como tú que los disfrutan me anima a encontrar espacio para publicar nuevos artículos… stay tuned! 🙂

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