Apología del Comercio (Parte 3)

Una de las tesis más sorprendentes del libro Los Enemigos del Comercio es que los revolucionarios triunfantes suelen ser reaccionarios en el sentido más eminente. Su autor, Antonio Escohotado, relata cómo antes de escribir la obra daba por supuesto que el factor revolucionario se centraba en ir hacia lo desconocido, pero su investigación sugiere que que los ciclos de alta actividad en el movimiento comunista corren paralelos a hitos en el desarrollo de la libertad prosaica, de avances en el cultivo del riesgo aparejado a la existencia de libertades cívicas, dibujando una reacción análoga al echarnos hacia atrás que impone cada ataque de vértigo. Regresando al ebionismo.

¡Antes de que entremos en materia, asegúrese de haber leído la Parte 1 y la Parte 2!

El Materialismo Histórico

Precisamente dominar en considerable medida el aparato conceptual hegeliano permite a Karl Marx transformar el planteamiento ebionita en materialismo histórico. Marx tomó de Hegel la dialéctica del amo y el siervo, de Saint-Simon el proceso industrial y de un Ricardo mediado por Robert Owen el concepto de plusvalía.

En el núcleo principal del materialismo histórico hay gran confusión, por otro lado compartida por John Locke, Adam Smith, y David Ricardo, con lo cual tal vez podemos excusar mejor este pecado “capital” de los padres. Dicha confusión consiste en una teoría de los precios que parte de un valor monetario medido por las horas de trabajo empleadas en producir cada tipo de bien.

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Karl Marx & Friedrich Engels en la imprenta de la Rheinische Zeitung, Colonia

Además de desconocer el proceso real de formación de precios, esta teoría ignora la existencia del empresario como factor productivo, viendo en los negocios el fruto mecánico de unir dinero y mano de obra, introduciendo una idea del rendimiento automático de la cual parte la confianza creciente en cooperativas, así como la proposición de que solo el trabajo produce, y que repartir el beneficio con inversores y banqueros supone robar al productor.

Lejos de ello, todos y cada uno pagamos por la insatisfacción que nos causaría no tener tal o cual bien determinado, aquí y ahora. Este hallazgo, llamado más tarde utilidad marginal, tal vez ayuda también a entender por qué Marx solo publicó un tercio de su tratado antieconómico: redactar el resto suponía el trabajo añadido de refutar la nueva teoría del valor, que cuatro años después de aparecer el primer tomo de El Capital era ya la gran noticia del pensamiento económico.

La Revolución Proletaria

En términos políticos Marx ve en la desastrosa Comuna de París del año 1848 el faro del gobierno futuro, que al fin ha descubierto la dictadura del proletariado como forma de la emancipación comunista. Que sea casi imposible encontrar un miembro de ese estrato inclinado a prohibirse la propiedad privada no es inconveniente, pues en la constelación mesiánica el agente salvador es en todo caso un sujeto anunciado o futuro.

Cabalgando en este legado llegamos a los albores del siglo XX con Lenin, líder de la auto-denominada facción bolchevique dentro de la corriente comunista. El nombre “facción mayoritaria” (del ruso Большой, “Bolshoi”, Grande) no deja de tener guasa ya que en 1906 a unos 13.000 afiliados bolcheviques corresponden 18.000 miembros de la facción menchevique. Sin embargo los bolcheviques lograron asegurarse la mayoría en el Congreso de 1907 gracias a los enormes recursos obtenidos mediante atracos, que permitieron mantener centenares de militantes, enviar emisarios a todos los rincones, fundar periódicos, distribuir panfletos y crear comités más o menos representativos.

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Lenin arenga a los bolcheviques para la revolución de Octubre del 1918

Y es que precisamente esta lección es lo históricamente decisivo de la Revolución Francesa: superiores en prestigio y votos como los mencheviques rusos, los girondinos pretendieron retener las libertades en un momento donde la minoría jacobina pudo arreglárselas para dar un golpe de Estado. Los girondinos perdieron el poder por repugnancia ante los procedimientos y agentes de su rival político, tan bien adaptado a una situación de extrema penuria, delirio persecutorio y guerra contra propios y extraños que desemboca en el Terror y, una vez los ciudadanos están agotados por la anarquía de la violencia, a la restauración imperial Napoleónica.

En el caso de éxito de Lenin también hay una enorme deuda con Alemania que, estratégicamente obligada a mantener dos frentes durante la Primera Guerra Mundial, está dispuesta a pagar por una campaña de agitación política en el frente oriental que le permita concentrar su esfuerzo militar en el occidental. No estamos hablando únicamente del salvoconducto y el tren sellado que trasladan a Lenin desde Zúrich a Petrogrado, sino de millones de marcos-oro, una red de contactos y un know how alemán (por ejemplo, la Operación Copenhague decida una serie de empresas offshore para trasladar bienes, personas, armas y propaganda bajo distintos disfraces) que resultan incomparablemente más determinantes entre abril de 1917 y abril de 1918, cuando Rusia firma la rendición de Brest-Litovsk.

El Desastre Soviético

Una vez derrocado el Zar Nicolás II tras la revolución de Febrero de 1917 la asamblea presidida por Nikolai Markov es conciliadora además de moderada, con una “ínfima minoría bolchevique”, pero sus recursos superiores les permiten organizar la revolución de Octubre de 1918 y tomar el control de la situación. Irónicamente, el golpe de Estado llamado a entronizar la clase proletaria acontece en un país donde la proporción de obreros industriales no llega al 2%. Tampoco alcanza el 2% la proporción de obreros en el Comité Central del Partido, cuyos líderes son todos ellos ex-estudiantes más o menos capaces de vivir durante los años previos como agitadores profesionales.

Lenin, tan despiadado con la violencia ajena como pusilánime con la propia, protestaba en  Julio por un registro de su domicilio sin exhibir la orden del juzgado, pero es quien en Diciembre sanciona la “comisión extraordinaria”, popularmente conocida como la Cheka, que decide y ejecuta en secreto todo tipo de sentencias, incluyendo la capital.

Que los sindicatos empezaran oponiéndose al Gobierno bolchevique creó cierto desconcierto, pero Lenin había adaptado el marxismo a cualquier tipo de entorno y el régimen de partido único se blinda con la Cheka. A diferencia del comunismo antiguo y clásico, el post-democrático no incluye en la exigencia de igualdad el principio un ciudadano un voto, alegando que la democracia auténtica no puede depender de ese “formalismo burgués”, porque el pueblo ignora aún sus intereses y quizá necesita tutela perpetua ante el riesgo de traficar con el trabajo, del cual se derivarán antes o después distinciones “clasistas”.

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Stalin llevará el Culto de la Personalidad, y el Terror, a extremos insospechados.

En cuanto a la relación entre directa entre los valores liberales y la sociedad abierta que relatábamos en la Parte 2, es de esperar que al imponerse el credo comunista también decaiga el espíritu crítico parejo a la actividad científica. Y así cuando la URSS acometa el tránsito de la ciencia burguesa a la proletaria, el nuevo plan de estudios suprimirá tres materias: la genética, que pone en entredicho los poderes del condicionamiento; la economía política que ignora la planificación central, y el derecho mercantil, que codifica las reglas del comercio, el juego prohibido por excelencia.

Comienza el más audaz experimento de ingeniería social, disponiendo de una sexta parte de la corteza terrestre como laboratorio. Eliminada la “carga social de los parásitos capitalistas y su expolio de la plusvalía”, el mundo socialista entero espera que la renta per cápita del trabajador soviético se dispare, superando pronto a la de sus oprimidos congéneres de clase en Europa Occidental. Sin embargo, los resultados hablan por sí mismos: cuando el Zar Nicolás II se lanzó a la Gran Guerra su país rondaba los 180 millones de habitantes, y en el conflicto murieron más de 4. Su posterior guerra civil se cobró unos 3 millones más de víctimas. No obstante, desde el fin de la guerra civil en 1920 hasta 1926 la población rusa pasa de unos 170 millones a poco más de 130 según el censo oficial, la mayor parte víctimas de la hambruna ante un empobrecimiento masivo. Fíjense que estamos todavía en los años 20, nos quedan muchas purgas políticas de Stalin. Ante semejantes cifras empieza a ser discutible el puesto número uno asignado a Hitler como dictador más terrible de la historia, por muchas atrocidades que sin duda cometió.

El Comunismo Post-Moderno

En Estados Unidos nunca peligró el espíritu individual; en el Viejo Mundo sí, con lo cual es muy afortunado que después del colapso de civilizaciones que representa la Segunda Guerra Mundial, donde se enfrentan las ideologías hermanas del comunismo y el nacional-socialismo, llegue el Plan Marshall y en menos de un lustro la renta europea se multiplique por tres, consumando un salto sin paralelo en calidad de vida. Apostar por un sistema de cobertura amplio, basado en seguros para paliar infortunios diversos, se hizo aceptando un precio extra compensado por recortar el margen de maniobra conferido en otro caso a profetas incendiarios.

Ahora más de medio siglo después, la vía elegida se mantiene substancialmente intacta, amenazada por el envejecimiento de la población y la cleptocracia de sus políticos, no en vano el peaje que los pueblos de tradición caciquil pagan por establecer sistemas democráticos ha mostrado ser la venalidad de su clase política, un fenómeno singularmente extendido en el sur y el este de la UE, que revierte en inyecciones de votos para el comunismo post-moderno.

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Nicolás Maduro, heredero del líder neo-comunista venezolano Hugo Chávez

Pudiera parecer que tras fracasos tan colosales el ideario ebionita y  su odio al comercio hubiesen quedado expuestos de forma palmaria como lo que son: una amalgama de simplismo, rencor y huida hacia delante. Sin embargo en nuestros días el eje Teherán-Caracas, además de su enorme influjo en Iberoamérica, ha financiando con éxito partidos europeos como Syriza y Podemos, por mencionar solo a algunos de los más fructíferos, que capitalizan el escándalo de sus respectivas ciudadanías ante la corrupción gubernamental y las dificultades de países con poca tradición financiera a la hora de administrar su deuda soberana.

La huída de la realidad podría considerarse peligrosa para la supervivencia, pero por desgracia la magistral investigación de Antonio Escohotado nos sugiere que esta ideología, particularmente en su mutación comunista, cuenta con una capacidad de infección aparentemente inagotable que nos debe mantener en constante alerta, por mucho que sus diatribas nos parezcan delirantes y su soporte popular minoritario o marginal. Combatamos con la pluma y no con la espada, pero no caigamos en la misma errónea complacencia que terminó con Girondinos y Mencheviques.

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Alexis Tsipras de Syriza y Pablo Iglesias de Podemos

¿De dónde viene la enorme capacidad de contagio de este meme viral? Seguramente del hecho de que el ebionismo entronca con los valores originarios de hermandad presentes en todas las comunidades humanas, admirables como principios morales aunque muestren un  craso entendimiento de como operan en realidad los individuos y las economías: es malo aprovecharse del vecino, es bueno compartir esfuerzos y logros, lo que prima es el grupo. Que la avaricia subsidie a la virtud y el lujo al progreso es anatema, y si lo real no se ajusta a lo ideal peor para el mundo. De la misma fuente manan el nacionalismo, la religión y el comunismo, todos ellos capaces de tomar las aspiraciones más nobles del ser humano para justificar en base a un hermoso credo los crímenes más abyectos.

Nada es perfecto, por supuesto; el liberalismo también tiene su lado oscuro. Pulse sobre el enlace si desea leer más acerca del tema.

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