Un Brindis a los Viejóvenes

A través de Bridges Ventures aspiramos a dinamizar el panorama del emprendimiento ibérico abriendo una vía de acceso a Silicon Valley para el talento local, sin profecías derrotistas que se autocumplen ni la adulación que tan bien satiriza Berlanga. Conociéndolos en detalle les puedo asegurar que los norteamericanos por término medio no son ni más guapos, ni más listos ni más innovadores que nosotros y que todo es cuestión de aunar el talento, el capital, la experiencia y las oportunidades adecuadas. En Bridges nos creemos a pies juntillas eso de que, juntos, podemos cambiar el mundo.

En el proceso de constitución de la compañía hemos contado con la inestimable apoyo de algunas de las firmas líderes en nuestro país, tal que la agencia de valores Esfera Capital y el bufete de abogados DLA Piper. Nuestro sincero agradecimiento a grandes profesionales como Felipe de Andrés y Marta Montalbán por cuya colaboración estamos aquí y en cuyos hombros de gigantes nos vamos a apoyar en los años venideros para poder llegar mucho más lejos.

Deberíamos Estar Muertos

Es realmente estimulante trabajar con estas mentes privilegiadas, y a veces el estímulo se muestra de formas insospechadas. Hace poco tuvimos una reunión de trabajo en las oficinas de DLA Piper y en una de las pausas Joaquín Echánove, socio de la firma, nos hizo la siguiente reflexión:

“¿Sabéis cuál era la esperanza media de vida en España a finales del XIX? 34 años. No había adolescencia; eso es algo que se inventó durante el siglo XX . Ahora en el XXI, con esperanzas que exceden holgadamente los 80 años, se abre otra nueva etapa de la vida que no existía: gente en edad de jubilar pero todavía activos por voluntad propia. Y aún no tenemos nombre para ello”.

El comentario me impactó, y tras recabar información por mi cuenta (los hábitos de un data scientist son difíciles de cambiar) pude constatar que Joaquín tenía toda la razón. En la actualidad, España es el país con la esperanza de vida más larga de Europa, con las mujeres viviendo a una media de 82 años y los hombres a una media de 78. Pero si se tratase del 1900 la reunión hubiese acontecido en el Cementerio de la Almudena vía ouija porque, por media, todos presentes estaríamos ya criando malvas: la esperanza de vida en España no llegaban a los 35 años. ¡Y aún así seguíamos siendo privilegiados, porque en China e India ni siquiera llegaba a los 25!

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Aparentemente desde el Imperio Romano hasta el siglo XVIII, la media esperanza de vida era parecida, susceptible a fluctuaciones dependiendo de la cosecha, conflictos armados, condiciones higiénicas y brotes de peste.  La “vida media” de un bebé recién-nacido era solo 21 años. Por supuesto, también había gente que vivía más de 80 años, pero solo 1 de cada 1000.

A partir del siglo XIX, con la Revolución Industrial, en Europa se empezó a registrar un aumento de esperanza de vida, pero la verdadera revolución no llegó hasta el siglo XX, gracias a los grande avances de medicina y la vacunación universal de la población contra las epidemias más contagiosas.

La Realidad Tras los Números

Por supuesto que tras el blanco y el negro siempre hay tonos de gris: la “esperanza de vida” no se mide por la edad máxima a que llega la gente más longeva, sino por la “edad media” de la muerte. Y hasta mediados del siglo XX la “edad media” de la muerte era siempre muy baja debido a una alta tasa de mortalidad infantil. La tasa de mortalidad infantil bajó de unos 20% a principios de siglo XX a menos de 1% a principios siglo XXI en los países desarrollados.

Esto nos resuelve las impresionantes ganancias verticales que vemos a la izquierda del gráfico, pero aún nos queda el progreso suave y constante que nos lleva de una media apenas superior a 70 años en 1960 hasta los más de 80 años del presente, aportando no sólo mejoras en la cantidad sino en la calidad de esa vida, gracias a un mejor tratamiento médico de los adultos y la eliminación de enfermedades degenerativas que antes se consideraban incurables.

Hoy en día la mayoría de las muertes se concentran a las edades a partir de los 60 años y las principales causas de la muerte son el cáncer, la diabetes y las dolencias cardiovasculares. Se dice que hay una epidemia modernas de dichas enfermedades, pero sería más justo – aunque menos mediático – decir que hasta hace pocas décadas la mayoría simplemente no llegaba a la edad para desarrollarlas.

Life-expectancy

Durante prácticamente el mismo periodo, nuestro entorno ha transicionado también de una economía industrial a una economía del conocimiento. Un agricultor, un minero o un operario anciano poco podían aportar a las labores, principalmente manuales, que la siguiente generación debía realizar con su propio esfuerzo. Pero un diseñador, financiero o un emprendedor sénior que ha sabido reciclar y ampliar su conocimiento a lo largo de su carrera conservan un tremendo valor para la siguiente generación de líderes y sus empresas. En este contexto brilla la sabiduría de Joaquín con sus palabras al identificar a este nuevo grupo social. Y aún no tenemos un nombre para ellos.

En un arrebato de inspiración Marta Montalbán propuso “viejóvenes“, y me gusta mucho aunque puede que haya quien se ofenda por ello. Otra podría ser “mentores”, si bien ya está bastante manida en otros ámbitos. ¿Tienen otras ideas mejores? Les agradecería que me las hicieran llegar.

Mi Viejoven Favorito

Sea cual sea el nombre que finalmente les pongamos, los viejóvenes no nacieron ayer (intento de chiste) y en pequeños números llevan tiempo entre nosotros. Yo tengo bien claro cuál es mi viejoven favorito, una persona que me ha servido de modelo durante mi carrera y que ejemplifica a la perfección a este grupo de cabezones que se resisten al retiro forzoso y prefieren morir con las botas puestas: Ken Morse.

Tuve el placer de conocer a Ken como profesor de márketing y ventas durante mis estudios en MIT. Fuera de la clase tenía reputación de ser un profesor muy exigente y hasta un poco maleducado. Dentro del aula la realidad era aún mucho más intensa: a Ken no se le caían los anillos por criticar la falta de preparación ante una práctica de grupo o resaltar la gilipollez de un comentario. Pero su crítica era siempre constructiva y honesta, a menudo ilustrada a través de vivencias propias. Con él se aprendía y también se creaba un vínculo personal que trascendía la clase, porque bien nos insistía que donde quería que tuviésemos éxito es precisamente donde importa: ahí fuera.

“Antes de intentar perseguir tu sueño consigue experiencia en el mundo real”, nos decía.

Y de eso, créanme, sabía un rato. Ken Morse cofundó durante su vida seis empresas de alta tecnología, entre las cuales se cuentan 3Com Corporation con Bob Metcalfe (sí, el de la ley) gracias a la cual tenemos hoy redes de ordenadores, y Aspen Technology que profesionalizó la simulación de procesos de laboratorio mediante software. Ken era el CEO o el responsable de parte o de la totalidad de la organización de ventas en estas nuevas empresas, llegando a multiplicar los ingresos de ventas entre un 600 y un 900%.

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Con el pequeño círculo que le ayudábamos en la organización de eventos compartía también sus historias en la línea del frente del emprendimiento, mientras cenábamos unas pizzas desde la propia caja (los cubiertos son un lujo en MIT) en el Centro para el Emprendimiento de la universidad, de cual era también fundador y gerente. Historias de batallas ganadas y perdidas, pues Ken nunca nos ocultaba lo solitario que resulta el camino – “un emprendedor necesita hambre de salir adelante, pasión, actitud y aptitud” – y lo difícil de las decisiones – “es un gran error es despedir demasiado tarde a los empleados que no cumplen, porque te destrozan al equipo”.

Y es que el éxito no llega de la noche a la mañana. Hay que estar alerta, moverse y ser persistente. Ken constituyó su primera empresa, una pequeña consultora comercial, en 1975 y en cuanto vió la oportunidad se estableció en… ¡Beijing! durante cinco años, coincidiendo con la segunda mitad de la Revolución Cultural. Cuando esa etapa de su vida mostró que no daba más de sí, en 1980 se fue a el Silicon Valley como miembro fundador de 3Com Corporation, con más experiencia que maletas. Y el resto es historia.

Después de mi graduación volvió a sorprendernos a todos cuando decidió legar lo que había desarrollado en MIT – demasiado rutinario, imagino – para venir a Barcelona como profesor visitante en a la ESADE Business School. Chapeau para una persona brillante que defiende el fracaso como la clave del éxito, no se deja vencer por las dificultades y no para de reinventarse.

La Gran Lección

De hecho la mayor lección que me dio no fue en el aula sin no más tarde, fruto de mi participación en el fondo de ventures Inveready First Capital. A través de la red de MIT había tenido la ocasión de conocer a Pilar Manchón, una emprendedora que tras graduarse había fundado una start-up de avatares digitales inteligentes en su Sevilla natal, desafiando todo los estereotipos. Al fino olfato de Ken Morse los estereotipos le producen urticaria, así que había decidido apoyar a Pilar e invertir de su propio bolsillo en las primera rondas de la compañía.

En Inveready estudiamos en detalle la oportunidad, vimos que no sólo nos encajaba en nuestra estrategia sino que también había sinergias con nuestra orientación a Estados Unidos y finalmente nos decidimos a invertir. Esta resultó ser una de las mejores decisiones que tomamos porque en el 2013, superando nuestras mejores expectativas, Intel Capital decidió comprar Indisys para integrarla en su línea de negocio, ofreciendo unos múltiplos tan interesantes que en Inveready nos permitimos cancelar todas las capital calls pendientes, para algarabía y felicidad de todos los socios.

indisys

Recuerdo cómo si fuese ayer cuando tras la operación de salida hablé con Ken y le comenté alegremente que debíamos felicitarnos por el éxito de Indisys. Tras una pausa cortés y con su habitual amago de sonrisa me respondió: “Isaac, realmente no nos corresponde a nosotros. Aquí quien ha triunfado es Pilar. Es ella la que ha levantado Indisys de la nada, y es debido a ella que hoy podemos estar aquí celebrando.” ¡Toma zasca bien merecido de humildad!

Gracias maestro por tus palabras. Ahí va mi brindis por tí, Ken Morse, y por todos los viejóvenes del mundo. Gracias por resistiros al olvido, por no obrar como se espera a vuestra edad, y no dejar que os aparquen en un asilo. El mundo es mucho mejor así.

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